Juan Ignacio Cordero, Historiador
La ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, generó una intensa polémica en agosto de 2026 al anunciar cambios en los fondos de postdoctorado y Becas Chile que priorizan áreas “estratégicas”. La discusión abrió preguntas de fondo: ¿qué se considera estratégico?, ¿quién define esa prioridad?, ¿y por qué las ciencias sociales y las humanidades siguen quedando fuera cuando el país mide el desarrollo casi exclusivamente desde la productividad tecnológica?
En un contexto de aceleración digital, es imprescindible recordar que el conocimiento producido por las ciencias sociales y las humanidades tiene la misma relevancia que un algoritmo o un prompt de IA. Comprender dinámicas humanas, historicidad de los procesos y las tramas del tejido social es condición básica para cualquier proyecto de desarrollo integral.
La controversia generada por Lincolao revela una tensión persistente: sin pensamiento crítico, interpretación de contextos y lectura de trayectorias históricas, la innovación tecnológica se vuelve frágil. No existe sostenibilidad sin comprensión profunda de las realidades humanas que sostienen la transformación.
Las humanidades y las ciencias sociales no son un accesorio, sino un componente estructural para un futuro que articule tecnología, territorio y sociedad en un horizonte común de desarrollo.