Por Marco Espíldora, Periodista, Miembro SGGCh y ACHIPEC
Los días 15 y 16 de octubre, la Universidad Católica de Temuco será nuevamente punto de encuentro para hablar de uno de los fenómenos más relevantes de nuestro tiempo: el envejecimiento de la población. Las IX Jornadas de Geriatría del Sur, organizadas por la Vocalía Sur de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile (SGGCh), regresan así a su lugar de origen, la capital de La Araucanía.
El encuentro se realizará en el aula magna, campus San Franciscodel plantel, en pleno Mes de las Personas Mayores y bajo un lema que resume bien la magnitud del reto: “Integrar, prevenir y cuidar: desafíos de la nueva longevidad”. No se trata solamente de vivir más años. Se trata de preguntarnos cómo queremos vivirlos y qué transformaciones debemos impulsar en salud, cuidados, ciudades, comunidades y relaciones sociales para responder a una sociedad cada vez más longeva.
Las cifras explican la urgencia. Chile se encuentra en una etapa avanzada de su transición demográfica, marcada por la disminución de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida. Las proyecciones indican que las personas de 60 años o más representarían hoy alrededor del 21% de la población nacional, cerca de 4,2 millones de personas. En 2050 serían aproximadamente 7,2 millones y representarían el 36,5% de la población.
Mirar este proceso desde Temuco agrega una dimensión fundamental: el territorio. No es lo mismo envejecer en Santiago que hacerlo en La Araucanía; tampoco es igual hacerlo en una capital regional que en una localidad rural. El propio informe del INE y SENAMA basado en el Censo 2024 advierte que las vejeces son heterogéneas y que existen diferencias entre territorios, grupos de edad y condiciones de vida. La edad cronológica, por sí sola, no permite explicar esta diversidad: intervienen el sexo, el lugar de residencia, el nivel educativo, los estilos de vida, la salud y la pertenencia a pueblos originarios, entre otros factores.
Por eso resulta pertinente que estas jornadas aborden la transición demográfica y la ruralidad, junto con las brechas de acceso, vacunación, riesgo cardiovascular, desnutrición, sarcopenia, fragilidad, osteoporosis, caídas y estrategias preventivas desde los distintos niveles asistenciales. La nueva longevidad exige respuestas que dialoguen con las características de cada territorio.
Pero existe una dimensión menos clínica y no por ello menos importante: cómo nos relacionamos y comunicamos con las personas mayores. El módulo inaugural, “Envejecimiento y desafíos en el sur de Chile”, incorporará el buen trato en salud y el rol de la Gerocomunicación, entendida como una forma de abordar las distintas vejeces desde los derechos, la diversidad y la participación.
La Década del Envejecimiento Saludable 2021-2030 plantea precisamente la necesidad de una acción coordinada entre gobiernos, academia, sociedad civil, organismos internacionales y sector privado para mejorar la vida de las personas mayores. A ello debemos agregar algo esencial: cambiar la manera en que pensamos, sentimos, actuamos y hablamos acerca del envejecimiento.
Esto adquiere especial importancia en salud. Una persona mayor no puede ser reducida a su edad, diagnóstico o condición funcional. La relación entre profesionales, pacientes y usuarios debe estar libre de prejuicios, infantilización y estereotipos. Escuchar, explicar de manera comprensible, respetar la autonomía y reconocer la trayectoria vital de quien tenemos enfrente también son formas de cuidar.
El envejecimiento humano es un proceso continuo que involucra dimensiones biológicas, fisiológicas y psicosociales y que, además, está condicionado por los contextos sociales, económicos, culturales y familiares. Por eso necesitamos geriatría y gerontología, pero también comunicación, nutrición, enfermería, kinesiología, psicología, trabajo social, arquitectura, economía, tecnología y muchas otras disciplinas dialogando entre sí.
Ahí aparece con fuerza la gerontología, la ciencia del envejecimiento. Una ciencia que no se limita a estudiar cómo agregar años a la vida, sino que intenta comprender qué ocurre durante esos años y cómo podemos favorecer autonomía, bienestar, participación, prevención y calidad de vida.
La longevidad es probablemente uno de los mayores logros de nuestra sociedad. El desafío científico, sanitario y humano ahora es conseguir que esos años adicionales puedan vivirse con salud, autonomía, participación y dignidad. Y para lograrlo no basta con aprender a vivir más: también tendremos que aprender a pensar, cuidar y comunicar una sociedad que envejece.