Natalia Bastidas, periodista científica, editora Efecto Ciencia
En los últimos años hemos escuchado hablar de ciencia abierta porque un grupo de 12 universidades comenzaron a desarrollar proyectos de innovación educativa (InES) de Ciencia Abierta, bajo la premisa de que todo conocimiento financiado con fondos públicos debía quedar disponible y al alcance de quien lo necesite. Audazmente, un grupo de universidades y equipos, del que tuve la fortuna de formar parte, comenzamos a abrir camino. Hoy muchas universidades han avanzado en la instalación de infraestructura y capacidades en Ciencia Abierta.
Cuando hablamos de ciencia abierta (CA) nos referimos a un conjunto de prácticas donde destacan el acceso libre a publicaciones científicas, a datos de investigación, a metodologías, a códigos, entre otras. La CA permite que más voces participen del debate público y reduce la asimetría entre quien produce el conocimiento y quien lo consume. Por supuesto, no es la panacea y tampoco es reciente, es un movimiento que desde hace décadas viene tratando de impulsar el acceso al conocimiento. Taxonómicamente convive con movimientos como, por ejemplo, la educación abierta, la cultura abierta; la innovación abierta; y también el gobierno abierto, que permite – si quisiéramos- auditar decisiones públicas con datos de investigación.
Pero además de lo anterior, veo que la CA también es una herramienta periodística. ¿Por qué? ¿Qué significa todo esto para el periodismo? Significa poder ir a la fuente primaria. El periodismo que revisa datasets, que cita journals open access o promueve recursos educativos abiertos tiene más probabilidades de filtrar el ruido, informar, contrastar y contar historias que resistan y nos blinden frente a la desinformación o las fake news.
En el mundo hay miles de revistas científicas, y un número no menor son depredadoras. Si un periodista cita un artículo de una revista depredadora como si fuera evidencia sólida, seria y con respaldo, reproduce – sin querer- desinformación. La ciencia abierta no es solo acceder, es saber discriminar. Por lo tanto, los periodistas necesitamos alfabetización en Ciencia Abierta, básicamente porque entran nuevos conceptos a una sala de redacción y al ejercicio de reporteo que cambian la dinámica de nuestro oficio. Sí, y lo enfatizo, los periodistas necesitamos alfabetización en Ciencia Abierta para conocer y entender qué implican las distintas rutas de acceso abierto (verde, dorada, diamante), saber qué es un repositorio, qué caracteriza a un repositorio y cómo verificar su indexación. Nada de esto es un “extra”: es alfabetización informacional básica para quienes hacemos periodismo científico y no científico.
En Chile, la ciencia abierta ha crecido en infraestructura y capacidades. La Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) implementó en 2022 una política de acceso abierto para investigaciones financiadas con fondos públicos. Ese fue un tremendo punto de inflexión. El Repositorio ANID (repositorio.anid.cl) y la plataforma Dataciencia (dataciencia.anid.gob.cl) ofrecen datos abiertos sobre producción científica chilena. Pero esto no basta si los medios y los periodistas no los usamos y, lo peor, si no sabemos cómo usarlo o qué posibilidades nos estamos perdiendo.
La ciencia abierta le puede entregar mucho al periodismo. Si queremos un periodismo que frene la desinformación, necesitamos más que buena voluntad, y dejar de repetir un decálogo. Un ejercicio táctico que quita terreno fértil a la desinformación es justamente la ciencia abierta. Necesitamos conocer los principios FAIR, TRUST, CARE, necesitamos saber navegar este ecosistema mientras el ancla está en el fondeadero, en lugar de solo citar press releases. Poco sirve que un dataset esté abierto si nadie lo interpreta, lo contextualiza y lo convierte en una historia que la gente pueda entender y usar. Ese es, precisamente, el punto de encuentro entre la ciencia abierta y el periodismo, una pone la materia prima y el otro la transforma en conocimiento público. Periodismo de investigación en su forma más elemental.
El periodismo y los periodistas no hemos bajado los brazos frente a todos los cambios vertiginosos que advertimos en el presente: cambios en la industria, cambios en las audiencias, cambios en los formatos, y crisis de legitimidad y credibilidad. Hace poco participé en un curso de Reinventar el Periodismo con colegas de Colombia, México y Argentina, y si hay algo en común es el interés en cuidar el rol y la importancia que el periodismo sigue teniendo para la sociedad. Todos dispuestos hoy a ir más allá y organizarnos para alzar la voz.
Si la investigación se paga con impuestos, es razonable esperar que también sirva para diseñar mejores políticas públicas y para que el gasto de esos mismos recursos sea más eficiente. Polémicas y medidas a las que hoy está sometida una porción de la investigación en Chile se podrían haber advertido hace tiempo si desde el periodismo supiéramos y quisiéramos poner la lupa o el ancla – siguiendo con ejemplo- en ese puerto.
Por eso vale la pena que la ciencia abierta siga ganando terreno, y no solo entre quienes trabajamos en medios o somos periodistas. La CA le sirve a la sociedad completa porque mientras más ciudadanos tengan acceso a la evidencia detrás de las decisiones que los afectan, más sólida será la conversación pública que como comunidad necesitamos sostener.