
– La Fundación Ciencia & Vida y la Universidad San Sebastián, cotitulares de la propiedad de la spinoff ImmunoConnect, otorgaron una prelicencia a fin de ofrecer esta terapia en el circuito de innovación del Viejo Continente.
– El científico chileno Pablo Lara, fundador de AndesFenix (con sede en Países Bajos), estima que más de 1,2 trillones de dólares en propiedad intelectual científica permanecen sin explotar por las universidades en el sistema mundial de patentes.
Sergio Cabezas, periodista
Una terapia con células CAR-T para el Parkinson, desarrollada por investigadores del laboratorio de Neuroinmunología del Centro Ciencia & Vida –de la Fundación Ciencia & Vida y la Universidad San Sebastián (FCV-USS)– con financiamiento de la Fundación Michael J. Fox y del programa FONDEF de ANID, ingresó al circuito europeo de innovación mediante una prelicencia firmada con AndesFenix.
El venture studio, con sede en Países Bajos, gestiona un portafolio de 72 tecnologías universitarias internacionales y buscará inversionistas y fondos europeos para financiar los primeros ensayos clínicos en humanos. La tecnología resulta de más de una década de investigación de Rodrigo Pacheco y Valentina Ugalde.
ImmunoConnect es un spin-off de la Fundación Ciencia & Vida y la Universidad San Sebastián, cuya propiedad intelectual pertenece a ambas instituciones.
La tecnología fue desarrollada desde 2015 a partir de un anticuerpo contra una versión patogénica de la alfa-sinucleína –proteína clave en la progresión del Parkinson– del que derivan una terapia con células CAR-T y un test diagnóstico temprano. El paper que valida los estudios preclínicos fue aceptado en Cell Reports Medicine y se publicará dentro del próximo mes, destaca la investigadora Valentina Ugalde.
Chile no cuenta con regulación que permita administrar terapias CAR-T en pacientes, lo que impide iniciar ensayos clínicos en el país. Pasar de las fases preclínicas ya completadas a los primeros ensayos en humanos requiere validación en nuevos modelos, transferencia del protocolo a laboratorios independientes y cumplimiento de los estándares de la FDA o sus equivalentes europeos, con un costo estimado de hasta 15 millones de dólares y un horizonte de entre cinco y diez años, estiman desde el venture studio.
Circuito europeo de innovación
AndesFenix es una empresa de valorización tecnológica con sede en Holanda Meridional, Países Bajos, y con operaciones en Suiza. La fundó el Dr. Pablo Lara, químico farmacéutico y doctor en farmacología de la U. de Chile, tras renunciar a una posición académica estable en Europa. La firma impulsa tecnologías de las universidades de los Andes, de Chile, Andrés Bello y Católica, con cuatro spin-offs en desarrollo simultáneo.
La figura acordada es una prelicencia: la Fundación Ciencia & Vida y la Universidad San Sebastián retienen la titularidad de la patente –75% del centro, 25% de la USS– mientras AndesFenix accede a ofrecerla en el circuito europeo de inversión. Los investigadores Ugalde y Pacheco cumplen un rol de asesoría técnica y serán cofundadores de la empresa que se constituirá en Europa.
La elección de Europa responde tanto a la disponibilidad de capital como a los marcos regulatorios. Países Bajos, España y Suiza cuentan con normativas para terapias avanzadas que Chile no posee, y sus fondos concursables financian biotecnología en etapas tempranas con criterios que un venture studio navega con más eficacia que un laboratorio universitario solo.
Traducir el lenguaje científico al lenguaje de inversores –presentar una mejora en señalización celular como ventaja competitiva con proyección de impacto en pacientes– es el aporte concreto que espera concretar AndesFenix, según su fundador Pablo Lara.
“Con esta alianza, AndesFenix está dando la posibilidad de ir hacia afuera y abrir un portafolio, lo que ayuda bastante sobre todo con terapias avanzadas que son mucho más difíciles acá en Chile; darle un nombre internacional probablemente haga que alguien más se interese o finalmente se arriesgue”, complementa Ugalde.
La “trampa” de los 1,2 trillones de dólares
La cadena de innovación tiene tres eslabones –creación, protección y transferencia–, explica el Dr. Álvaro Martínez, director de Propiedad Intelectual y Transferencia Tecnológica de la USS, quien considera que los dos primeros están razonablemente cubiertos en Chile.
El país produce ciencia competitiva de orden mundial en diversas disciplinas y ha desarrollado unidades de transferencia tecnológica que han ido madurando. La falla está en el tercer eslabón –llevar esa innovación al mercado– y es sistemática en tecnologías de alta complejidad como las biotecnologías. “Tenemos una capacidad creativa impresionante en nichos tecnológicos muy diversos, cantera de conocimiento original a la cual echar mano; pero estamos fallando en el último tramo, que es lo que falta a Chile para tener una vía aceitada de innovación con impacto en el mercado”, sostiene el Dr. Martínez.
La tramitación de las patentes, y su vigencia una vez concedidas, está condicionada al pago de tasas en cada país donde se quiere proteger la invención. Cuando una universidad no logra licenciar la tecnología, esos gastos suelen recaer en la institución sin un retorno que los costee, por lo que muchas veces se abandonan los derechos en trámite o ya concedidos. Así, la patente cae al dominio público sin haber generado beneficios, agrega el ejecutivo de la USS.
Según estimaciones citadas por AndesFenix, más de 1,2 trillones de dólares en propiedad intelectual científica se encuentran “atrapados” en el sistema mundial de patentes sin traducirse en productos porque las universidades no tienen la capacidad de ejecutarlas.
La pirámide de pérdida que describe el fundador de AndesFenix es sistemática: de cada cien investigadores activos, menos de diez generan una patente; del universo de patentes, el 95% nunca llega a generar una licencia comercial; y de las compañías que se constituyen para explotar esa propiedad intelectual, nueve de cada diez fracasan, en la mayoría de los casos no por fallas científicas sino por problemas de ejecución o desajustes con el mercado.
El modelo que propone el venture studio convierte la propiedad intelectual en el primer eslabón: licencia, empresa, empleo y royalties hacia la universidad, junto con nueva investigación. Cuando una licenciataria vende un producto, la institución recibe típicamente entre el 1% y el 3% de las ventas netas, lo que en teoría financia la siguiente ronda sin depender de fondos concursables. Ese circuito requiere perfiles escasos en el ecosistema local –con experiencia en cierre de licencias y negociación con farmacéuticas– y una condición que la presión por publicar suele destruir.
“La universidad pone presión hacia publicar artículos científicos y lo que pasa es que esas publicaciones bloquean las patentes que puedan venir después, que a su vez bloquean las potenciales licencias, lo que finalmente bloquea que esa ciencia llegue al mercado”, precisa Lara. “Existe una brecha brutal que no permite aprovechar el valor de tecnologías que se crean en las universidades; es riqueza que Chile está generando y no está logrando que llegue a mercado”, añade Martínez.
La figura del venture studio
El venture studio se diferencia de una aceleradora o de una oficina de transferencia universitaria en un punto concreto: no financia los estudios, sino el acceso. AndesFenix no aporta capital para los ensayos de ImmunoConnect; aporta redes de inversores y presencia en el ecosistema europeo de fondos, una combinación que ninguna unidad universitaria chilena puede ofrecer por sí sola, subraya Martínez.
Las startups biotecnológicas chilenas suelen llegar hasta estudios preclínicos, e incluso alcanzar fase 1 o 2 ante la FDA, momento en que se espera que una farmacéutica grande adquiera la compañía y financie las fases siguientes. “Por eso los medicamentos grandes no salen de las compañías chicas: salen finalmente de las farmacéuticas”, aporta Lara.
La alianza de ImmunoConnect con AndesFenix enfrenta un escenario desafiante durante los próximos cinco años, periodo en que se espera que sus fundadores inviertan tiempo y energía sin recibir compensación económica. Si consiguen mover la terapia hacia humanos, ese esfuerzo podría transformarse eventualmente en atractivas ganancias (Por Luis Francisco Sandoval, Agencia S&M Comunicaciones).
